El destino de los mineros de Copiapó

 

Son las 22 horas del 13 de octubre en la Mina San José.

La tensión crece, especialmente para las familias de los primeros mineros que serán rescatados.

Ya abandonaron las guitarreadas y los choripanes. La emoción es tan intensa que las carpas son una última frontera de intimidad, tan delgada como el hule que los recubre de la ansiedad de los periodistas.

El minero Dario Segovia, de 48 años, era perforador en la mina.

Su hermano Alberto afirma que él no volverá a la mina si sale con vida del rescate. Comprará un camión con los 10.000 dólares que le regaló el millonario minero Farkas.

Otros como Víctor Zamora tienen un destino más inesperado a su regreso a la superficie.

Varias editoriales internacionales le han ofrecido a su hermano menor, Pedro, como si fuera su representante, muchos miles de dólares por el libro que prometió escribir, una nueva forma de rescate de lo intangible.

Pedro Zamora rechazó todas las ofertas. Dijo que su hermano es un hombre que no se dejará doblegar por el dinero ni por la fama.

Afuera tanto a Zamora como a Segovia los esperan los oropeles de “Héroes del Bicentenario”. Preguntó «¿como O’Higgins?» «Como O’Higgins y como San Martín», me dice muy seguro.

Cada uno de los 33 mineros se ha preparado bajo tierra para afrontar la notoriedad y el interés público sobre sus vidas.

Tomaron clases de oratoria y van a recibir asistencia psicológica durante al menos seis meses.

La pregunta es si todos ellos volverán a la minas.

Darío Segoviaanunció que quiere cumplir su sueño de ser comerciante.

Victor Zamora todavía no se ha pronunciado en forma terminante.

Se convertirá en best seller como Morris West, pero su hermano Pedro piensa que volverá a la mina en algún momento

En 1991 ya había sufrido un accidente que lo dejó hospitalizado por 8 meses.

Y volvió pensando que nada peor le podía pasar.

“Ser minero es algo que se trae en la sangre”, me explica Pedro, hijo y nieto de mineros.

Sí,es un destino que  no depende del dinero, ni de las alevosas inseguridades. Ni siquiera del silicio en los pulmones.

Víctor le confesó a su hermano que allá abajo perdió el odio que lo fastidiaba todo el tiempo, el odio del explotado antes de nacer.

El cambio espiritual ha sido trascendente para él. Le dijo a Pedro algo que se ha sumado a los múltiples asombros del rescate en Copiapó: las coincidencias con el número 33 y sus múltiplos.

Las cifras de la fecha del rescate (13.10.10) suman 33, 33 minutos son los que separan por cronómetro el Campamento Esperanza con el hospital de Copiapó, 66 días demandó la excavación, 66 centímetros es el diámetro del caño que los trae desde el fondo de la tierra.

Víctor Zamora también le apuesta al 33 a la cabeza. «Tengo 33 años, Jesucristo tenía 33 años, somos 33 obreros», comentó en una de sus cartas a sus familiares.

Todo el mundo acá dice que es raro encontrar un minero extrovertido. Casi todos son gente que se guarda todo, que vive para adentro, una  forma corresponder a la naturaleza de su alma a la sombra y a la topografía de su oficio.

Pero, bueno, ese puede ser el segundo libro de Víctor Zamora, el escritor underground.

 



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