VITETTE AS HILMSELF

(Esta colaboración apareció en el número 2 de la revista española Fiat Lux de diciembre de 2013. También fue publicada en un mi nuevo blog personal www.antonioalvarez.uy. A partir de ahora podrán ver mis posts allí)

El “ladrón del siglo” quiere filmar una película sobre su vida, si es posible protagonizada por él mismo. Y desde una remota playa del Uruguay  cuenta cómo es la vida en un mundo donde todos son ladrones, todos son policías y todos son culpables hasta que se demuestre lo contrario.

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Foto: Matilde Campodónico

“Cuanto más grande es el número de leyes, mayor es el número de ladrones y bandidos”. Lao-Tse (China, 604 A.C.-531 A.C.)

Todo milagro tiene algo de kitsch. Luis Mario Vitette lo sabe y lo disfruta. ¿Habrá algo más adorablemente teatral que un delincuente retirado, con las manos en los bolsillos, mirando el mar?

Su historia es poco común y sin embargo está sentado en el más común de los lugares.

Dicen que robó 8 millones de dólares de una de las instituciones bancarias más prestigiosas y seguras de Argentina. Y él aclara que podrían ser  19 millones. Se divierte dejando la duda.

Presiente que es el personaje de una película: el muchacho de clase media que un día empuña un revólver  y todo sale muy mal.

Y como si todo se tratara de una lección de vida –ingrediente esencial en una biopic- el hombre que cometió el error se convierte en delincuente entre delincuentes,  en el mejor de los peores.

El  prontuario policial de Luis Mario Vitette Sellanes  comenzó a escribirse el 28 de mayo de 1976 en su ciudad natal, San José de Mayo, situada a unos 100 kilómetros de Montevideo.

El hecho ocurrió en una estación de combustible. Según las crónicas, atropelló a la víctima y la pasó cuatro veces por encima.

“El algo que todavía hoy no me deja dormir”, dice.

En  general cuando suelen preguntarle por el episodio, él responde con una jerga más carcelaria: “tengo Alzheimer, no me acuerdo de nada”.

Vitette nunca había visto a su víctima, pese a que entonces era una ciudad de  menos de 20.000 habitantes.

La justicia lo procesó por robo y homicidio. Si hubo cómplices, nunca fueron encontrados.

Él dice que no estaba solo, pero que se hizo responsable de todo.

“¿Y si no lo maté?”, me pregunta. “¿Y si cubrí a alguien?”

La  pregunta debería ser otra: ¿cómo un muchacho prometedor se convirtió en delincuente?

Luis Mario lo tenía todo, incluso una boda de blanco y arroz. Su padre era dueño de un hotel y confiteria muy conocido. La familia de su novia era dueña  del hotel y confitería de la competencia. Eran Montescos y Capuletos pero con el sí de todas las partes.

Los Vitette habían invertido fuerte en la construcción de otro hotel y los problemas financieros dejaron en bancarrota a la familia. El padre no pudo pagar los préstamos y, deshonrado por las deudas, se encerró en su casa.

Entonces, el joven Luis Mario pasó del miedo a la incertidumbre a la extrema violencia, sin escalas.

Unos días antes dio aviso a familiares y amigos: insultó en público al presidente Juan María Bordaberry que estaba de visita en el Teatro Maccio. “Para mí era el culpable de todo lo que le había pasado a mi familia”, cuenta. Los guardaespaldas del dictador lo llevaron al cuartel más cercano.

La faceta de luchador social le duró poco tiempo. Unas semanas después pasaría de preso político a preso común a raíz de rapiña y homicidio.

El primer lugar de reclusión fue el  Penal de Punta Carretas, hoy convertido en uno de los más glamorosos centros comerciales de Montevideo.

En la cárcel había montado un taller de relojería, que fue de  gran ayuda en su vida como delincuente. Le dio estimables habilidades manuales, un  gusto por la precisión y gran conocimiento de reducidores.

Cuando salió en 1986 sabía que su vida no tenía vueltas. Ya era un experto en inseguridad.

Buenos Aires lo esperaba con la luz encendida. Allá  conoció la noche, los caballos lentos, las mujeres rápidas y todas las drogas. Todas.  Fueron años de plata dulce y de hiperinflación . Un escenario ideal para robar electrodomésticos y en especial televisores color. “Valían 5 pesos en la mañana y en la noche valían 8. Era muy buen negocio”.

Habla sin ningún arrepentimiento de aquello.  Está parado en estas barrancas agrestes de Kiyú, una playa situada a 140 kilómetros  de Buenos Aires, la selva en la que engañó,  estafó, encañonó, coimeó y le  cagó la vida a algunos de los personajes más astutos y funcionales de su tiempo.

Alejado de todo eso, en esta modesta casita blanca, insufla sus pulmones con el aire limpio del Río de la Plata, el mismo aire que contiene las cenizas de su padre, muerto cuando él estaba en prisión.

Dice que es el único hombre a quien admiró de verdad. Fue quien le pagó clases de guitarra y quiso convertirlo en el  penúltimo eslabón de un legado de triunfos, improbable  mandato del primer Vitette salido de la Reggio Calabria.

Luis Mario no parece un hombre atribulado por esos fantasmas.  Es un anfitrión alegre. Muestra cada mueble, cada electrodoméstico, su iPad, sus celulares, cada cucheta, todo, hasta el más mínimo confort, con lujo de detalles. La explicación es simple: en la cárcel cada objeto costaba mucha plata, la suficiente como para cubrir toda la cadena trófica de corrupción.

Por las dudas aclara que todo lo que veo no le pertenece. Los ladrones, se sabe,  roban posesiones de otros, pero paradójicamente no pueden poseer. En todo caso  pueden usufructuar, disfrutar, gozar.

-¿Alguna vez te robaron?

-Sí, claro. Muchas veces –responde.

-¿Y cómo se siente?

“Mal, por supuesto –admite-. Me robaron la radio de una coupé que tenía en Buenos Aires y me pasé madrugadas enteras en el balcón esperando a los chorros. Mi mujer de entonces vino y me dijo: ¿vos te estás mirando? Entonces me reí y dejé el arma en el cajón”.

En el ambiente hay  vestigios de un asado multitudinario de la noche anterior. Es que Vitette es un antisocial muy gregario, muy apegado a su círculo de confianza. Le gusta estar cerca de sus hijos y nietos, mantener una relación cordial con exmujeres, y ayudar a los amigos. Parte de sus esfuerzos  de estos días los dedica a apoyar a un joven valor del karting local.

Está  vestido con una remera de capucha y pantalones cortos verdes. Es bajo, y aunque tiene unos kilos de más es ágil como una liebre. Lleva un cinturón metalizado, de color dorado, y una cadena que va del bolsillo al cinturón, que también hace juego con el oro de los anillos y de la cadena que tiene en el cuello.

“Los milicos y los chorros -los de rango, aclara- tienen mucho en común. Una de esas cosas es que nos gusta el oro”.

A la vista no hay lujos. La única señal de poder adquisitivo es una camioneta de alta gama.

¿Dónde están los millones?  ¿Se fueron desde las cloacas hacia un paraíso fiscal? ¿Salieron del país  en helicópteros y en aviones minutos  después del asalto?

Vitette dice que todo eso es una fantasía de la crónica roja.

Por este episodio clave en su vida la prensa lo  bautizó “el hombre del traje gris”.

Así estaba vestido ese día de enero de 2006. Era el simpático charlatán que mantuvo a raya a los 23 rehenes y a  los negociadores de la Policía Federal. Usaba alternativamente dosis de humor, sentido del tempo y  una paciencia amenazante, mientras por debajo se procesaba un verdadero acto de prestidigitación.

A Vitette le encanta adornar su obra maestra con momentos de ternura: “Yo decidí liberar a las embarazadas. Y a una viejita le digo que se vaya, y ella me contesta: Aquel hombre que está allá es mi marido. Sin él no me voy. Entonces yo le respondo: bueno, señora, entonces se van los dos. Y hasta historia de amor tuvimos. ¿Qué te parece?”.

Algunos creen que  no fue el  verdadero “cerebro” del asalto. Según esta teoría, tan poco confiable como todo lo demás,  la maniobra fue armada por dos ejecutivos de la Bolsa de Valores, nunca identificados, que proveyeron la logística a cambio de llevarse la parte del león.

Ante esto, responde: “Yo fui el financista y el ejecutor”.  Y agrega: “la historia no la escriben los tibios. Puse 100.000 dólares y un año de trabajo en el Banco Santander”

El robo en Acassuso –barrio costero y  residencial del Gran Buenos Aires – fue un antes y un después para mucha gente: para los canas, para los ahorristas y también para los ladrones.

A  partir de entonces, dice el protagonista,  la Policía Federal cambió el protocolo para el tratamiento de los asaltos con rehenes.  Ahora lleva su apellido. Lo dice con los ojos entornados, como recordando un polvo inolvidable:  PRO-TO-CO-LO-VI-TE-TTE.

En agosto de 2013, Luis Mario logró burlar la reclusión, aprovechando las ventajas de la  Ley de N° 25.871 de “Política Migratoria”.

Todas  sus causas abiertas desde 1999 –incluidas estafa, robo, violación de salidas transitorias- se unificaron. En total eran 27 años de prisión pero se acordó reducir la pena a 21.

Con el beneficio del 2×1 (un año de buena conducta equivalente a dos de reclusión) sumó los once años que le permitieron ser deportado.

“¿Extrañás Argentina?”

“Sí, claro. Pero no puedo volver nunca más”.

En 1997, Vitette ya había sido expulsado y violó la medida cautelar. Entonces era conocido como “El Hombre Araña”.

Era el terror que aleteaba en las cornisas de los barrios ricos de Buenos Aires.  Se había especializado en robos por escalamiento.

En la cárcel siguió construyendo su leyenda. Escribió los principales hits de la banda “Trovadores de Venus”  liderada por su dentista,  Sergio Zajdenberg.  Allí resume gran parte de su pensamiento vivo con dosis de humor y sarcasmo.

Un ejemplo es “Sólo se llora por amores”, que  rememora los detalles de “El Robo del Siglo”.

No hubo un pez gordo que bancara/ montaron la banda en cooperativa./ Se vivían momentos de tensión/  y una negociación con dudas y engaños/ mientras los chorros le cantaban a una rehén el feliz cumpleaños

En “Muy pronto estaré de juerga” preanuncia su libertad.  El clip –mezcla de ritmos uruguayos,  murga y candombe –  muestra  a un hombre vestido de traje gris, bailando, tomando champagne, rodeado de putas. El protagonista lleva una enorme máscara de carnaval con sus rasgos caricaturizados: los ojos punzantes, el mentón fuerte, el rictus burlón.

Este cancionero le dio una gran promoción. “Trovadores de Venus” tiene página web y los  temas circulan en Youtube. Los videos tienen miles de visitas con comentarios elogiosos y cero críticas.

El fenómeno Vitette, por así llamarlo, no hubiera tenido esa amplificación sin Buenos Aires y su gusto por  un humor negro autoflagelante.

Él se sabe un producto típicamente porteño. Sin embargo,  allá no deja de ser “el uruguayo” y en Uruguay lo miran bajo la sospecha de ser  argentino.

A su favor, Vitette declara ser dos hombres atrapados en el cuerpo de uno.

Luis Mario es el uruguayo. El hombre que toma mate en silencio, el que se siente “un fracasado”, el que recuerda la reprobación de sus padres por ser un ladrón.

Marito, en cambio, es el porteño de croquis: un depredador contestatario, un mago que muestra sus trucos sin miedo a perder el encanto, un truhán a cara descubierta que expide frases como balas: “yo no robo por tener, robo por ser”.

Apenas regresó a Uruguay sus comentarios en un programa de TV le costaron un juicio del gobierno.

En un gsto infrecuente, el ministro del Interior Eduardo Bonomi hizo pública una carta responsabilizándolo de querer convertirse en un ejemplo de los “antivalores”.

En su cuenta de Twitter, Vitette le dijo “hijo de puta” y “cobarde”. “Ensuciás el Estado Nacional y te escudás en la Justicia”, le recriminó.

Lo que en principio parecía una riña de gallos, se transformó en una  conversación llena de paradojas.

El “robar por ser y no por tener” sacó a Bonomi de sus casillas. El ministro cree que en el Uruguay del  crecimiento económico  hay más gente robando, más gente que lo quiere todo ya, sin esfuerzo ni mérito alguno,  o sea el modelo Vitette de ser “exitoso”.

Marito, el polemista  viperino, selló la discusión pasando al contraataque. Le recordó a su adversario el pasado guerrillero. “Usted rapiñó y mató  (…) No cumplió la pena (fue liberado en 1985 por una ley de amnistía)(…) ¿Y usted me quiere meter preso a mí?”.

Bonomi y el presidente José Mujica integraron los cuadros del Movimiento de Liberación Nacional –Tupamaros. Aquella  guerrilla robó financieras y secuestró embajadores como forma de financiar la revolución. En 1971, el jefe de seguridad carcelaria  Rodolfo Leoncino fue asesinado por un comando de cuatro personas, entre quienes estaba el ministro.

Marito no esperaba semejante distinción oficial.  Apenas se estaba preparando para iniciar una vida mundana.  De hecho, hace algunos días dejó las visitas al night club y se puso un traje para  concurrir al estreno de “Aída” de Giuseppe Verdi.

Tiene fotos del acontecimiento junto a una sobrina.  “Mis ojos ¿ves?”,  dice divertidísimo tomando el iPad.  “¡Están delineados!”.

Le hago notar que es el delincuente más metrosexual que conozco. Se ríe y extiende la mano hacia un pequeño bolso  donde hay maquillaje para borrar arrugas.

La apariencia es muy importante para él. Su hija, de 34 años, tiene una peluquería en San José y se encarga de retocarle las canas. En las últimas semanas se operó los ojos y pronto se colocará implantes dentales.

Tiene además dos vestidores. El otro está en el cuarto de hotel que alquila en las afueras de San José de Mayo, a unos 40 kilómetros de la casa de playa.

Muchas veces se queda en la ciudad. Allí viven casi todas las personas que le interesan: sus dos hijos (la peluquera  y un varón de 38 años), sus nietos, su primera esposa (madre de sus hijos), y su novia actual, una comerciante de la zona.

Vamos a San José, invita Vitette. Viajamos en la gran camioneta a más de 120 kilómetros por hora.

No hay duda: es  Marito quien va al volante. Maneja con una sola mano. No para de mirar su celular. Sigue atento a los pitidos que le llegan al iPad, mientras le dice por teléfono a su hija “te amo, te amo mucho”., y golpea el volante, frustrado, porque no logra comunicarse por SMS  con su excommunity manager , un amigo que se hizo entre pena y pena.

Esquiva  a un pobre ciclista que no imagina con quién se mete. En la compactera se escucha  “Guitarra Negra” de Alfredo Zitarrosa.  ¿Qué tendrán en común un cantor comunista y el ladrón del siglo?

Algunos incautos quieren ver detrás de la burla a los ahorristas del Banco Santander una actitud de Robin Hood. “¿Robin Hood? ¡Las pelotas!”, contesta, un poco molesto.

“Sinceramente, yo no quiero que me admiren por lo que hice. En Facebook bloqueo a todos los chorros que quieren ser mis amigos. ¡Que se vayan a cagar!”

Como su propio gerente de marketing es consciente de la  intriga que despierta el “robo del siglo”, sobre todo aquello que  aún no se sabe. Tiene claro que en lo que no dice radica gran parte de su magnetismo personal, tarea titánica para un infatigable fabricante de aforismos.

En el planeta Vitette todo lo que pasa gira alrededor de él. Zitarrosa es un gran poeta, le digo, y él sale al cruce con algunos de sus versos más logrados. Se habla de fútbol, y terminamos escuchando sobre su pasión por Racing de Avellaneda. Como buen ladrón profesional, nada de lo extraño le es ajeno.

En 1990, dejó las drogas, el alcohol y el cigarrillo. Pero como todos los adictos, Vitette no pierde su condición: es un adicto a sí mismo.

-Algún día haremos la película, o un documental -explica-. Y entonces sí, a lo mejor cuento cosas que no conté. Hay interés de Serbia, de España.

-¿Qué actor te gustaría que hiciera tu papel?

Vitette se queda mudo. ¿George Clooney? Cara de póker. ¿Brad Pitt? Silencio.

Insisto: ¿Antonio Banderas?

Vitette  hace gestos de no entender lo que pregunto.

“A mí “, dice muy suelto de cuerpo. “Me gustaría verme a mí. ¿A quién más? Yo estudié teatro”

Le pregunto sorprendido en qué momento se hizo tiempo para eso.

“Hace años”, confiesa. “Y me sirvió para despistar a la Policía en el robo del banco. No puedo decir el nombre de mi maestro de teatro porque lo comprometo”.

Le pregunto qué cosa  no toleraría que se dijera de él en una película o libro sobre su vida.  Vitette quiere dejar en claro dos cosas:

a) “Soy rabiosamente heterosexual”.

b) “No soy un violador. A mí me pueden poner a mi hija desnuda, acá en mi cama, y a mí no se me mueve un pelo”.

Compruebo que salió de la zona de confort. Le pregunto si tiene miedo a algo. “A la fantasía de los otros. Hay gente que cree que tengo mucha plata”.

Vitette sigue rutinas de supervivencia como en los tiempos de cárcel. Duerme en distintos sitios y se mueve mucho. En dos meses, la camioneta recorrió más de 10.000 kilómetros.

También se está procurando trabajo. O algo así. Está montando un taller de relojería antigua en el centro de San José. Tendrá como socio a su yerno. Leonardo, de 36 años.

Leonardo Arnold Sarquis es joyero, pero cobró notoriedad en abril por el robo de una caja fuerte en Aiguá, una tranquila localidad situada 180 kilómetros al noreste de Montevideo.

Dentro del cofre blindado había colecciones de relojes, perlas, anillos, etcétera.  La víctima era una mujer que cuatro meses antes se radicó  en España.

Fue  procesado por robo especialmente agravado pero resultó sobreseído unos meses después, justo cuando Vitette  apareció en escena. Su presencia en el juzgado con abogados   llamó la atención de muchos medios.

Ahora con Leonardo piensan en la relojería antigua. No quiere oír hablar del caso. Ya pasó, ya fue.

¿Nunca más entonces?, le pregunto.

“Nunca más”.

A su lado salta un perro pulguiento  al que llama Calerga. No sabe de dónde salió el nombre. Tampoco sabe de dónde salió el perro.

Es un atardecer espectacular de fin de la primavera y principios del verano.

Vitette muestra unas fotos en su celular. Son de esta misma playa. Cada día, a la misma hora, saca la misma foto. Algunas con bajante, otras con marea alta.

La misma playa, pero sin embargo no es la misma. ¿Algo de Heráclito , algo de Proust?

Vitette siente que allí hay un asunto para compartir con los demás.

Entonces dibuja  un gran renglón imaginario en el aire: “la muestra se va a llamar Estados”, decreta.

En este momento dan ganas de preguntarle quién habla, si es Luis Mario el hombre que se siente un perdedor,  o si es Marito, el cuentamusas, el amo del mal.

Finalmente se impone el silencio. Vitette  pone su teléfono en modo cámara y saca una foto, como para robarle a la tarde un poco de su tibieza.

Mañana será otro día. Lo esperan en un  juzgado para declarar por “apología del delito”.

(Publicado en la revista Fiat Lux, España. N° 2.  Diciembre de 2013)

¿Qué hacían los uruguayos el 27 de junio de 1973?

A las cinco y veinte de la mañana del miércoles 27 de junio de 1973, el gerente periodístico de Radio Montecarlo Nissan Sarkissián esperaba algo. Se sabía que a esa hora, las Fuerzas Armadas iban a anunciar la disolución del Parlamento, acusando a los legisladores de inoperantes frente al caos y la injusticia social que vivia el país.

Habían pasado unos minutos cuando irrumpió en la emisora una delegación de militares uniformados. Uno de ellos enfiló hacia él directamente.

Sarkissián tenía claro desde hacía tiempo quiénes gobernaban el país. Incluso tenía noticias de que algunos militares habían desenfundado sus armas para disuadir a los periodistas de leer comunicados y cumplir sus pedidos.

Con la dignidad que le quedaba, Sarkissián se negó a postergar la lectura de los comunicados de suspensión de clases hasta las 7 o las 8 porque era condenar a la masacre a decenas de jóvenes.

“Bueno, necesitamos música folklórica”, le dijo el oficial, mientras le extendía los textos. Sarkissián le contestó que tenía unos pocos discos disponibles a esa hora de la madrugada.

“Tengo ‘A Don José'”, respondió con cierta vacilación el periodista, convencido que era una banda de sonido que no iba a servir a los efectos de los comunicados militares.

“Eso está muy bien”, le dijo el oficial a cargo del operativo. “Pero mire que tengo la versión de Los Olimareños”, explicó Sarkissián. El soldado lo miró con aire de satisfacción y le respondió: “Tanto mejor”.

La noche fue de sorpresa en sorpresa, no sólo para los oyentes de Radio Montecarlo. En otra parte de la ciudad, los generales Esteban Cristi, Abdón Raimúndez y Gregorio Alvarez, junto a un grupo de oficiales llegaron hasta la puerta del Senado de la calle Sierra.

Como si fuera un símbolo de los tiempos que se estaban terminando, saludaron con sequedad al ex campeón del mundo en Maracaná, Víctor Rodríguez Andrade, empleado del Palacio.

La historia se había decidido días antes. El viernes 22 de junio, los comandantes de las Fuerzas Armadas y el generalato en pleno habían ido a ver a Bordaberry a Suárez Chico. Insistían una vez más en que los plazos se estaban agotando.

La gota que había desbordado el vaso era la imposibilidad de hacer pasar por la Justicia Militar al senador frenteamplista de origen blanco, Enrique Erro. Unos días antes, la Cámara de Diputados había sepultado la solicitud militar al vencer 49 a 48 la voluntad de no reconocer los vínculos de Erro con la guerrilla.

Esa noche el presidente y los militares acordaron dar el paso de clausurar el Parlamento e iniciar una nueva etapa en Uruguay. En principio no se fijó un regreso a la democracia, pero el comandante de la Armada Víctor González Ibargoyen reconoció dos décadas después que el plazo establecido sería 1976, año en que la Constitución fijaba fecha para las elecciones.

Sin embargo, Alvaro Pacheco Seré, el secretario de la presidencia, confió que todos los asistentes a esas reuniones sabían que la ruptura institucional sería “por un período largo”.

Las reuniones se prolongaron durante el fin de semana. Bordaberry advertía a los militares: “todas las muertes que haya, van a caer sobre mi cabeza”.

Pero la soledad política en que se encontraba el presidente hizo que él mismo siguiera con los planes de clausura del Poder Legislativo, cuyo operativo sería realizado en principio el 26.

La clase política sabía que la cabeza de Erro era la primera de otras que rodarían después. Los militares irían por Amílcar Vasconcellos, Michelini y Ferreira Aldunate. Pero ahora la voz de alerta a los políticos provenía de una fuente insospechada. El dato recibido por Michelini (“andate que te la van a dar”) se lo había dado el jefe del servicio de Inteligencia de Defensa, el ascendente coronel Ramón Trabal, considerado autor intelectual de los comunicados “progresistas” de febrero y un personaje cuyo asesinato en París es uno de los puntos más oscuros de la dictadura militar.

Erro había ido a Buenos Aires el 20 de junio para presenciar la llegada de Perón a la Argentina. Y Michelini viajó hacia allá en la noche del 26 a última hora para convencer a Erro que no volviera al país.

Justo cuando Erro estaba registrándose para subir al avión, el senador Michelini logró que su colega no se embarcara hacia Montevideo. Ambos permanecieron en Buenos Aires.

EL SI DIFICIL. El 26 de junio Bordaberry redactó los decretos de disolución de las cámaras. Recibieron el visto bueno de los abogados Aparicio Méndez, Hamlet Reyes, Martín Etchegoyen, Emilio Siemmens Amaro, Héctor Barbé y Jorge Peirano Facio.

El canciller Juan Carlos Blanco fue hasta la Casa de Gobierno y “retocó” algunos aspectos de las resoluciones. Después, Blanco y Pacheco Seré llegaron a la residencia presidencial pasadas las 15.30, hora en que el presidente Bordaberry pensaba imponer de la decisión a sus ministros.

Pero al primer mandatario las cosas no le salieron como esperaba. Buscaba la firma de todos los secretarios de Estado y se encontró con cuatro renuncias. Y para más sorpresa los tres ministros “etchegoyenistas” Benito Medero (Agricultura), Francisco Ubillos (Transporte) y Carlos Abdala (Trabajo) no estaban dispuestos a firmar el documento por más que decían apoyar la medida.

Sobre las 20 horas del martes 26 los ministros dispuestos a renunciar se reunieron en la casa del ministro de Salud, José María Robaina Ansó, en Punta Carretas.

Allí estaban Pablo Purriel (Educación), Angel Servetti (Obras Públicas) y Jorge Presno (Industria). Los acompañaban el director de la Oficina de Planeamiento Ricardo Zerbino y Alberto Bensión, subdirector de ese organismo. También se encontraba el periodista deportivo Jorge Da Silveira, por entonces director nacional de Vivienda.

Era difícil sustraerse al clima político creado por el inminente Golpe de Estado. El gobierno anunciaba por esas horas una buena noticia entre muchas malas: 25 por ciento de aumento a los funcionarios públicos y 27 por ciento de aumento a los privados.

Para quienes preferían pasar de la política los dos hechos relevantes de esas horas eran dos: el partido de fútbol de Uruguay contra Ecuador por las Eliminatorias y la transmisión en directo de Miss Uruguay por Canal 12 con la conducción de Julia Möller y la participación de su hermana Cristina, reina saliente.

Brilló la morocha Yolanda Ferrali, de 22 años, bachiller en Medicina, profesora de filosofía, admiradora de Chanel y aficionada al voley y a la pintura al óleo.

Sin comerla ni beberla, el Golpe de Estado la marcó para siempre. Quince días después viajó a New York para participar de Miss Universo, cuando un periodista estadounidense la bajó de la nube: “¿no estás manchada de sangre?”, le preguntó. “Yo no sabía qué hacer y me puse a llorar”, contó algunas décadas después la reina Yolanda, involuntaria belleza del régimen.

Los Titanes en el Ring habían llenado el Cilindro en varias ocasiones poniendo puesta de espaldas las billeteras de todos los padres con hijos en edad escolar.
Por su parte, George Harrison y Eric Clapton se mostraban juntos en el film “Concierto en Bangladesh”. La prensa rosa afirmaba que estaban distanciados porque el guitarrista le había birlado la mujer al más silencioso de los Beatles.

Los medios daban a conocer las proyecciones iniciales para la futura represa de Salto Grande y El Diario de la Noche titulaba en cuerpo de letra catástrofe: “Elefante marino siembra el terror en Isla de Flores”.

La opinión pública estaba totalmente alterada por la confesión de María Esther de Torterolo, la madre que mató a sus hijos tirándolos en un pozo. Al principio había logrado eludir la investigación policial y en su lugar estaba preso un bichicome de la zona, con más pinta de sospechoso que ella.

Ese día de junio, el pueblo Ecilda Paullier cumplía 90 años y el Automóvil Club festejaba los 50. La literatura se había puesto de luto porque el escritor Francisco “Paco” Espínola murió igual que Neruda,en pleno Golpe y sin saber todo lo que le esperaba al Partido Comunista de sus amores.

Un síntoma del creciente poder castrense es que los diarios informaban que el secretario del Consejo de Seguridad Nacional general Gregorio Alvarez recibía en la tarde a un grupo de empresarios interesados en invertir en Uruguay.

Fernando Parrado -héroe en la cordillera de los Andes- viajaba a Estados Unidos para forjarse un futuro en la industria del cine, y tal vez para interpretarse a sí mismo -apuntó El País- en una película sobre la tragedia que un año antes había impactado a Uruguay y al mundo entero.

En un tiempo sin countries, el Parque Posadas era la gran oferta inmobiliaria de esos días. “Una ciudad dentro de la ciudad”, era su eslogan.

El método Ilvem prometía enseñar a hablar inglés en 16 clases y la última onda gastronómica eran los “Filet Castelar” del restorán Tip Top de Bulevar España y la rambla.

“La naranja mecánica” de Stanley Kubrick era la película de moda por esos días. Pese a que en Argentina había sido prohibida, en Montevideo se exhibía con gran éxito de público y hasta se organizaban charlas para ayudar a los espectadores a entender el film.

A la noche, el aire del invierno y el clima político cortaban la respiración. Con la Rendición de Cuentas en las espaldas, el ministro de Economía Moisés Cohen salió como todos los días de su despacho y prefirió ir a su casa, lejos de la efervescencia que se vivía en Suárez.

A la medianoche, Bordaberry lo llamó por teléfono y le dijo que el Golpe de Estado era algo que llegaría de un momento a otro. “Yo lo apoyo, señor presidente, pero cuando pueda sáqueme del ministerio”, le dijo Cohen.

A las 23.45, Bordaberryhabía dictado un decreto prohibiendo atribuir “propósitos dictatoriales” al Poder Ejecutivo. Pasadas la 1.40 de la madrugada terminó la deliberación en el Senado que había comenzado dos minutos antes de la medianoche.

Los dieciséis senadores presentes habían realizado encendidos alegatos en favor de la democracia. Todos sabían que poco después había que desalojar el recinto. En conocimiento de ello, el presidente Bordaberry dio la orden de comenzar el operativo de rodeo del Parlamento.

La cúpula militar también había seguido por radio la última sesión del Senado. El Coronel Luis Queirolo sabía que era el momento. Estaba al frente de la columna de tanques M-113 situada en la avenida Agraciada, a la altura de la embajada argentina, desde donde comenzó la lenta marcha hacia el Palacio Legislativo.

Aquella demostración de fuerza terminó siendo un “plan de diversión”, tal como lo bautizaron los propios militares.

A las 5 de la tarde había comenzado la huelga general del Uruguay, la más furiosa respuesta de la sociedad uruguaya ante el autoritarismo que se avecinaba. Pero cuando los tanques rodearon el templo de mármol, construido a la imagen y semejanza de las grandes democracias, no había un solo montevideano resistiendo la fría madrugada. Nadie.

(Crónica publicada en El País, a propósito de un suplemento especial por los 30 años del Golpe de Estado. Basado en El Diario, La Mañana, El País, Búsqueda, Álvaro Rico y fuentes propias)

La Post-Caducidad. ¿Y ahora qué, Uruguay?

Por Antonio Álvarez, especial para Deliberately Considered (*)

Gerardo Bleier es un periodista destacado desde los años 80. Durante el primer gobierno del Frente Amplio, a cuyo frente estuvo el socialista Tabaré Vázquez (2005-2010), ocupó cargos de asesor al más alto nivel y con el más bajo perfil.
No es cualquier militante de izquierda. Eduardo Bleier, su padre, fue un cuadro importante dentro del Partido Comunista, cuando el comunismo uruguayo era dirigido por Rodney Arismendi, una de las máximas figuras mundiales del régimen instalado en la Unión Soviética
El apellido Bleier es una bandera de las organizaciones de derechos humanos. Sin haber levantado un arma, Eduardo fue uno de los tantos activistas políticos asesinado y desaparecido durante la llamada “guerra sucia” de los años 60 y 70.
Hace pocas semanas, Bleier hijo publicó en su Facebook –y supongo que en su blog http://columnayensayo.blogspot.com/2011/06/el-uruguay-despues-de-la-impunidad-de.html), uno de los tantos artículos que desacomoda a izquierdistas uruguayos aferrados a las banderas históricas.
Cada semana publica reflexiones sobre las distintas encrucijadas que va encontrando la coalición gobernante Frente Amplio en el ejercicio del poder, después de 40 años de estar en la oposición, luego en la clandestinidad y de nuevo en la oposición.
Bleier cuenta que Uruguay está en camino de recibir 15.000 millones de dólares en inversiones, básicamente de sectores tan disímiles como celulosa, minería, agronegocios y logística. Para él, se vive una coyuntura única y trascendental: la santísima trinidad -el país, la nación, el Estado- debe elegir dónde poner su energía administrativa y política.
Como tantos países latinoamericanos Uruguay está en un fuerte proceso de revisionismo histórico, pero al mismo tiempo registra uno de los mayores crecimientos económicos de la modernidad. La economía se incrementó a tasas asiáticas (8% en 2010) y aunque se prevé una desaceleración en 2011, el PIB seguirá siendo alto al menos en los próximos cuatro años.
Entre el revisionismo histórico y las oportunidades macroeconómicas, si hay que elegir, las cosas están bien claras para Gerardo.
Escribe Bleier: “Resulta obvio señalar que esto no implica dejar de tejer, de construir la memoria histórica de lo sucedido durante la aplicación del terrorismo de Estado, no significa dejar de poner en evidencia la magnitud que tuvo pese al esfuerzo de algunos actores por encubrir el horror la sistemática violación de los derechos humanos durante la dictadura, no significa dejar de buscar caminos para acceder a la verdad que falta, no significa terminar el proceso de desmantelamiento de la política del silencio y protección de criminales, pero no puede el tema seguir ocupando la centralidad de la agenda política uruguaya, y eso es lo que esencialmente dice, de muchas maneras, la sociedad uruguaya”
Es cierto: Uruguay tiene problemas para solucionar el pasado reciente, pero no puede descuidar asuntos que van a generar en el futuro cercano una enorme reproducción de la pobreza, y una dramática caída de la calidad institucional.
Después de ser durante 70 años un país de vanguardia en materia educativa, Uruguay vive una grotesca pauperización de su sistema educativo. El proceso de decadencia coincide casualmente con el desplome de la economía y el posterior proceso de polarización política que terminó en 12 años de totalitarismo.
Un informe del Banco Mundial sobre igualdad de oportunidades expone un contraste revelador, En un ranking de países, Uruguay ocupa un puesto de privilegio entre el 30 por ciento más bajo del mundo, un desempeño que no está acorde a su nivel de ingreso relativo y nivel de desarrollo social general.
Según el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (Pisa, por sus siglas en inglés), más del 40 por ciento de los estudiantes uruguayos está por debajo del nivel de aprendizajes que les permitiría tener mínimas oportunidades en la vida. De un total de 64 países evaluados, Uruguay quedó en el puesto 47.
Otro dato que hace tener por el futuro uruguayo: el 75% de sus 9.000 reclusos uruguayos tiene menos de 30 años, en un país donde los jóvenes representan menos de la quinta parte de la población, y constituyen el sector etario más afectado por la desocupación y la pobreza desde hace más de 20 años.
En la misma sintonía, Bleier escribió: “(…) también es cierto que la mayoría abrumadora de la sociedad uruguaya, de los jóvenes uruguayos, necesitan un estado de ánimo colectivo que no esté marcado por las traumas del pasado, sino por los desafíos del porvenir”.
Su texto generó airadas defensas en contra y a favor. Sus lectores son, en su mayoría, intelectuales y luchadores sociales de larga trayectoria.
El planteo surgió justo cuando el gobierno de José Mujica –un ex integrante del movimiento guerrillero Tupamaros- acababa de perder una batalla fundamental: por el voto en contra de uno de sus legisladores se frustró la aprobación de la norma interpretativa de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado.
Esta ley aprobada en 1985, recién reinstaurada la democracia uruguaya, permitió al país una salida pacífica y la entrega del poder por parte de la dictadura militar que gobernaba desde el Golpe de Estado de 1973.
En lo básico fue una extorsión del poder castrense para que sus integrantes no fueran juzgados por delitos de lesa humanidad cometidos en el comienzo de la lucha contra la guerrilla (1968) y el posterior desarrollo del llamado Proceso Cívico-Militar.
El artículo 4 de la Ley de Caducidad abrió una ventana para la investigación, más para la verdad que para la justicia. Tabaré Vázquez, el antecesor de Mujica, usó esa cláusula para reabrir algunos casos que de otro modo hubieran ingresado en la lista de crímenes impunes. Como consecuencia de esas investigaciones 28 policías, militares y civiles al servicio de la dictadura están presos en una Unidad Militar en las afueras de Montevideo. Entre ellos hay funcionarios de segundo rango, integrantes de la Inteligencia militar de la época, algunos policías, el ex canciller Juan Carlos Blanco, y dos ex presidentes, Juan María Bordaberry (en prisión domiciliaria) y el Teniente General Gregorio Álvarez.
Por supuesto, estos reclusos no fueron los únicos responsables de torturas, asesinatos y desapariciones forzadas. El foro militar Libertad & Concordia- -que reivindica a los condenados como “presos políticos”- sostiene que si Mujica decidiera abrir por vía administrativa los 88 casos que abarcan la Ley de Caducidad más de 400 oficiales y soldados deberán pasar por los juzgados penales uruguayos en carácter de testigos e indagados. Varias decenas de ellos podrían terminar presos, según me dice el Coronel (retirado) Juan Pérez de Azziz, vocero de la organización.
Si el presidente decidiera abrir por su cuenta esta instancia, a pesar del fracaso parlamentario, se generaría así una industria de demandas y la sociedad uruguaya ingresaría en un pertinaz e inevitable proceso de judicialización que llevará años de confrontación y conflictos sociales.
Por si fuera poco, la ciudadanía ya se pronunció sobre la Caducidad. La derogación de la ley fue desestimada por dos plebiscitos, uno en 1989 y otro en 2010, en esta última ocasión durante las elecciones que llevaron al poder a Mujica.
La iniciativa perdió por dos puntos porcentuales, pero a nadie se le escapó que el nuevo presidente constitucional –un personaje central del pasado reciente- no habló casi nunca del tema durante su campaña política.
Y más todavía: se mostró partidario de liberar a esos “viejos”. Mujica, un hombre de 75 años, asiste con piedad al desfile de sus antiguos enemigos, tan descangallados como él, rumbo a los juzgados y camino hacia una verdad improbable.
En todo caso el presidente ha dicho que este ejercicio de memoria colectiva se conseguirá “cuando muramos todos” , en alusión a los 5.000 guerrilleros y 20.000 integrantes de las Fuerzas Conjuntas, protagonistas de aquellos hechos trágicos.
Desde su lugar de ciudadano común, Bleier piensa lo mismo que Mujica. Uruguay tiene urgencias impostergables como, por ejemplo, establecer un “modelo de desarrollo sostenible” atento a “la economía global y regional”.
Nadie puede dudar que Gerardo quiera más que nadie la verdad sobre lo que pasó con su padre. De hecho dejó estampado lo poco que pudo saber sobre su destino
Luego de ser torturado salvajemente, Eduardo Bleier fue enterrado vivo y arrojado a una especie de cuneta cubierta por tablones.
Probablemente –nadie tiene plena certeza de ello- murió en la primera semana de julio de 1976. Su cuerpo jamás fue entregado a su familia.
Se cree que fue enterrado en un cementerio clandestino ubicado en el Batallón 13 de Infantería. Pero en algún momento entre octubre de 1984 y marzo de 1985, cuando estaba a punto de restablecerse la democracia, Eduardo Bleier fue desenterrado y trasladado a otro predio militar, el Batallón 14.
En lo que se denominó “Operación Zanahoria” poco después lo volvieron a desenterrar junto a los cadáveres de otros militantes. Los encargados de la tarea, incineraron sus restos y los tiraron al Río de la Plata según algunas versiones, en un arroyo cercano, según otras.
Muchos años después, Gerardo sabe que los responsables de la muerte de su padre no son exclusivamente ese grupúsculo de enajenados militares ultranacionalistas que vivían en guerra fría. Hubo responsabilidades políticas y grupos de interés económico que alentaron el horror, y que constituirán tomos y tomos de páginas en blanco de la historia.
El gobierno de los Estados Unidos fue uno de los principales facilitadores de aquella crisis, al financiar desde 1968 un Programa de Seguridad Pública (PSP) que proporcionó entrenamiento anti-insurgente supervisado por la CIA. En diciembre de 1973, el Senado estadounidense levantó la asistencia financiera a partir de una investigación del demócrata James Abourezk.
Muchas cosas han caducado desde entonces. Bleier, el sobreviviente, sabe por experiencia propia que el día que pasa es la verdad que huye. Y que no habrá verdad si no hay justicia. Y que no habrá justicia si no hay futuro. Y que no hay futuro ni verdad histórica si no se atiende lo urgente y lo importante ahora, ya mismo.

Mujica, los agroimpuestos y cómo contar lo ganado

Facturan 4.500 millones de dólares al año y pagan en impuestos 228 millones de dólares, según un estudio de proyección de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria. Aritméticamente, los productores rurales pagan poco más de 5% de impuestos sobre el total de lo que lo exportan. Dicho así parece poco dinero, pero el tema es bastante más complejo.

El gobierno pretende cobrar 60 millones de dólares -un 25% adicional- por la vía del futuro tributo a la tierra a las empresas agropecuarias con más de 2.000 hectáreas.

Cuando el tema salió en el semanario Búsqueda, el economista Gabriel Frugoni -un ascendente técnico dentro del staff presidencial- reconoció que el impuesto sería volcado a infraestructura vial y logística, que se encuentra bajo fuerte presión por el mismo crecimiento de la actividad económica de los últimos seis años.

Luego el propio presidente reconoció que detrás de la iniciativa está la necesidad de redistribuir la riqueza. En Uruguay, el 20% de la población con mayores ingresos se queda con el 47% de la riqueza generada y el 20% más pobre sólo con el 5,5%. En el campo esta situación se extrema aún más.

Para colaborar con la confusión general, las ideas del gobierno siguieron saliendo sin filtro a la opinión pública.

El ministro Aguerre comentó que el problema podría solucionarse sin recurrir a los impuestos. Habló de utilizar el instrumento de la asociación público-privada que está a estudio el Parlamento.

Unos días después el ministro de Transporte y Obras Públicas, Enrique Pintado, confirmó que este instrumento posibilitaría contar con un fondo de 1.100 millones de dólares -600 de privados, 500 del Estado- para alcanzar el objetivo de mejorar puentes y carreteras.

Pero el ministro de Economía Fernando Lorenzo también arriesgó otra posible forma de recaudación fiscal: levantar las exenciones a los impuestos de Primaria y Patrimonio para los productores rurales.

Cualquiera sea la solución, el rumbo está sumido en el caos comunicacional del oficialismo.

Por lejos, la asociación público-privada es la más revolucionaria de las ideas en danza. Propone una nueva forma de relacionar a la producción con el fisco, ya que en este escenario los productores deberán correr sus propios riesgos y serían participantes activos del cuidado de la infraestructura que se pretende reparar. Además es una sociedad de largo plazo, a 25 o 30 años.

La no-estrategia “mujiquista” igual parece haber logrado su objetivo: los productores dan señales de querer sentarse a negociar “algo” con tal de no seguir escuchando ideas al tun tun.

Tocarle el bolsillo a la actividad agropecuaria siempre es un asunto complejo: es un lobby poderoso y ha sido motor del crecimiento “asiático” de los últimos años.

Si bien en 2010 los agronegocios se incrementaron por debajo del PBI (1.8% sobre un total 8,3%) siguieron siendo protagonistas por el efecto “inércico” que se arrastra desde hace siete años en el precio de las materias primas.

Hoy el campo representa siete de cada diez dólares de las exportaciones nacionales.

Los impuestos para los productores vienen dando saltos notables año a año, pero aún están lejos de reflejar los buenos dividendos del sector. En 2009, los productores habían pagado al fisco 183 millones en impuestos. No obstante, la presión fiscal se mantuvo incambiada por el incremento del Producto Bruto Interno en dólares corrientes.


YA SE COBRAN IMPUESTOS A LA TIERRA

La pregunta que todos hacen en el gobierno es si el agro paga impuestos de acuerdo a su facturación, a su peso en la economía nacional y al uso que hace de la infraestructura del país. Para fundamentar el nuevo impuesto a los tenedores de más de 2.000 hectáreas de tierra, Mujica manejó una cifra: 4 dólares por hectárea por año.

Esa cifra corresponde en realidad a la contribución rural, un impuesto que cobran las intendencias para atender el acuciante nivel de la caminería rural en Uruguay.

Se trata de un tributo que sigue la lógica del nuevo impuesto con un valor agregado. Es un cociente entre las héctareas que posee el productor sobre un índice llamado CONEAT que se establece a partir de variables como la productividad del suelo, la cercanía a rutas y centros poblados, etcétera.

Sin perjuicio de esto, la actividad agropecuaria paga algunos impuestos más, según explica Diego Sotelo, coordinador de Fucrea.

Sotelo alude a una constelación de pequeños y grandes impuestos de cobro nacional y municipal según el caso.

En el año 2010 pagaron 20,2 millones de dólares por aportes patronales al BPS, 63,1 millones de Contribución Inmobiliaria y 6.5 millones de patrimonio. Se trata de un conjunto de tributos que ya gravan la tenencia de tierra.

Por concepto de IRA/IRAE pagaron 20.7 millones y 64.2 de IMEBA

IMEBA e IRAE son técnicamente impuestos a la renta porque apuntan a las ganancias del productor. IMEBA se aplica a pequeños productores y representa el 1.5% de las ventas del establecimiento.

Cuando se factura por encima de un ficto estipulado por el gobierno, el productor paga IRAE, que establece el pago de 25% de las ganancias netas.

También un productor agropecuario paga un impuesto llamado INIA-Mevir equivalente al 4 por mil de sus ventas. Incluso los ganaderos también pagan 1% a las intendencias por movimiento de ganado.

Si se es arrendatario hay que pagar además un 18% de impuestos del valor de la renta.

TENTACIONES DIRIGISTAS

El lunes último, Fucrea y el estudio CPA Ferrere presentaron un estudio sobre “Situación económica y desafíos para el Gobierno – El caso del agro desde una perspectiva de política económica global”.

En el encuentro expusieron los economistas Gabriel Oddone y Alfonso Capurro, quienes plantearon la necesidad de evitar “tentaciones dirigistas”.

¿En qué consisten las políticas dirigistas? Sotelo apunta el ejemplo del nuevo impuesto que impulsa el presidente. “Hasta ahora primaba la lógica Astori en materia de impuestos, es decir se pagaba en relación a lo que se produce y se vende. Esto es distinto: esto es pedirle a los productores algo más, pero sin base lógica”.

El presidente insistió que el dinero será utilizado primero en puentes y caminería, pero luego reconoció que hay otros sectores que necesitan del dinero del campo. Citó a las Asignaciones Familiares, en beneficio directo de las familias rurales, como forma de contener o desacelerar el éxodo hacia las ciudades que comenzó hace más de 50 años.

Horas después, Mujica habló en Cerro Largo del impuesto respondiendo a los productores que pidieron “no matar a la gallina de los huevos de oro”. Quien había usado esa expresión fue Oscar Costa, el CEO de Union Agriculture Group (UAG), una empresa que en dos años invirtió 400 millones de dólares en tierra e infraestructura de agronegocios diversificados, desde ganadería intensiva a los olivos. El dinero es provisto por fondos de inversión europeos y la empresa se encuentra en trámite para cotizar en la bolsa.

La advertencia del presidente fue, sobre todo, para los inversores extranjeros que ya conocen la experiencia bolivariana de Chávez: “En Uruguay no expropiamos tierra; la compramos para que no haya terremoto social. ¿De dónde vamos a sacar la plata? Le pedimos a los que tienen más, que den un poco de lo que tienen, para poder tener una política de tierras. En Uruguay la reforma agraria se llama Instituto Nacional de Colonización (INC)”.

Ante decenas de pequeños productores, que inauguraban dos cooperativas agrarias con tierras de INC, el mandatario arrancó aplausos de los presentes cuando mencionó su voluntad de seguir adelante con el nuevo impuesto.

“Este país seguirá siendo por décadas un país agroexportador. Hay que pensar en el futuro. Las personas que quieren producir aquí saben que tienen que aportar para que el país no se venga abajo”, dijo el presidente.

Los datos oficiales le dicen al gobierno que sin comunicación no hay desarrollo. Cansado del debate espiritual que trajo la Caducidad, Mujica sacó a relucir -en su estilo desprolijo- la necesidad de reflotar el tren como alternativa para transporte de mercaderías.

Un 27% de las rutas nacionales se encuentra en un estado “malo y muy malo”, de acuerdo a un informe de “Estado de confort” presentado al Parlamento en octubre de 2010 por el Ministerio de Transporte y Obras Públicas.

La propuesta tributaria de Mujica es una guiñada a los sectores más izquierdistas de la coalición que, representados por el senador comunista Eduardo Lorier, salieron heridos de la anulación de la Caducidad.

Estos sectores habían solicitado un nuevo impuesto agropecuario para compensar las extraordinarias ganancias de los productores en los últimos años. En febrero de 2011, Mujica no estaba tan dispuesto a agitar el veloz corporativismo de los productores.

Cuando se le preguntó por aumento de tributos, en aquel entonces calificó de bolazos la eventualidad de un cambio de reglas para los productores.

Sin embargo, tres meses después el presidente se hizo cargo de la idea, e incluso la tiró a la opinión pública sin consultar al ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, quien reconoció no estar al tanto del proyecto y amenazó con renunciar.

Según Aguerre, el “tema no está laudado”, pero toda la plana mayor del equipo económico se cuadró detrás del presidente, empezando por el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, a quien se señalaba al principio como resistente a agregar más reformas a la ya polémica reforma tributaria.

El trasfondo del reclamo presidencial es que la tierra en Uruguay está en manos de grandes empresas extranjeras. El semanario Búsqueda mencionó que al menos 15 empresas explotan 1.4 millones de hectáreas, equivalente a tres departamentos del sur del país. En Uruguay hay más de 14 millones de hectáreas suceptibles de ser explotadas por el sector agropecuario.

Entre las empresas en posición dominante están Botnia, Montes del Plata (forestación, pasta de celulosa), Agronegocios del Plata y El Tejar (agricultura), Bulgheroni (lechería, energía), etcétera, todas compañías de origen extranjero que llegaron a Uruguay de la mano de amplios beneficios impositivos disponibles en el país desde hace más de dos décadas.

¿De qué otra manera Uruguay podría atraer la gran inversión internacional frente a la mayor riqueza del suelo argentino, o la variedad de climas o el prometedor mercado interno y externo que ofrece Brasil?

La tierra en Uruguay es escasa y no siempre productiva. Aún así ha tenido el mayor auge de su historia. En la última década hubo operaciones por 6.3 millones de hectáreas. Según el Instituto Nacional de Colonización, el precio promedio por hectárea se situó en el eje de 3.900 dólares. En 2010 hubo 136 operaciones de compra venta que movilizaron 693 millones de dólares.

El territorio considerado premium en Uruguay (ubicado en Soriano, Colonia) subió sus precios entre tres y cinco veces en los últimos años, pero este incremento no es acompañado en todo el país. Sólo en el último año el valor de la tierra subió 10%, es decir por encima de la inflación.

Un campo de alta productividad en el litoral sur de Uruguay cuesta 10.000 dólares la hectárea, mientras que la héctarea en noreste del país no alcanza los 3.000 dólares.

Sotelo, vocero de Fucrea -una cooperativa agraria especialista en innovacion tecnólogica y agroeconomía-, admite que este es uno de los costados más vulnerables del planteo de Mujica. “No se le puede pedir lo mismo al cultivador de Soriano que tiene una tierra altamente productiva que al ganadero que tiene tierras en el basalto. Son distintas productividades”, asegura.

También señala que es difícil medir los activos del sector agropecuario como para aplicar impuestos directos. “Conozco productores de menos de 300 hectáreas que, de repente, tiene más de 3 millones de dólares en maquinaria. Pero eso no significa que sean ricos”, explicó.

Las proyecciones de OPYPA para 2011 señalan un crecimiento de 4.7%, que no será integral y en iguales términos.

El analista en temas agropecuarios Eduardo Blasina, asegura que habrá suertes dispares. Una cosa será el alza de los precios internacionales de arroz, sorgo y soja. Otra cosa es el comportamiento a la baja que se espera en otros cultivos como grirasol, cebada, trigo y maíz. La faena de ganado no saldrá del estancamiento de los últimos años: se prevé menos de 2 millones de cabezas de faena y una población estable de 11 millones de animales.

Las señales del mercado internacional no concuerdan con el optimismo del presidente uruguayo.

Con bajo perfil, el frigorífico Breeder and Packers despidió a 67 de sus 300 trabajadores. Sus propietarios esgrimieron cambios de los mercados internacionales.

El anuncio de más de 150 millones de dólares de inversión y una capacidad de 2.000 cabezas de ganado, quedan ahora sumidas en un enorme signo de interrogación.

Se trata de un golpe duro por tratarse de una inversión símbolo de la nueva economía local. Es el primer frigorífico que se construyó desde cero en Uruguay en más de medio siglo.

Sin dudas es una dolorosa amenaza. B and P salió de la mesa de póker sin siquiera haber inaugurado su tecnología de vanguardia, con enfoque “ecologista”, una planta diseñada para el ABC1 de la carne mundial.

La música funcional acompaña a las vacas en su destino de carne premium, libre de nervios, para las góndolas y restoranes más selectos del mundo.

A los productores rurales, siempre alertas al mangazo del Estado, la apelación a la solidaridad de Mujica se parece bastante a esta banda sonora de matadero.

Abandonados por la pretensión punitiva

Después de la derogación de la Caducidad todos miran hacia la Cárcel de Domingo Arena. Hoy es 14 de abril y las cosas no están para nostalgias. Para algunos es el dia de los caidos por las instituciones. Para otros, la jornada más negra de los tupamaros, el pasaporte a la derrota militar. Aquel día murieron 12 personas y siete resultaron heridas. Fue el dia más sangriento de la llamada “guerra sucia”. Entre algunas inevitables simetrias históricas, hoy hace 39 años una bala le atravesó la garganta al senador renunciante Eleuterio Fernández Huidobro. Se trata de una anécdota que cobra un sentido especial en función de los últimos hechos políticos.

Los militares y policías presos en la Cárcel de Domingo Arena desayunaron ayer con el trago amargo de la derogación de la Ley de Caducidad.

En la Unidad Penitenciaria N°8 fue una mañana cualquiera, de un silencio austero, sin estridencias, como corresponde al espíritu de los uniformados.

De algún modo era una noticia esperada por todos, dada la ecuación política dominante en el país.

La mala noticia, en todo caso, es que si se producen nuevos procesamientos ya no tendrán las mismas condiciones de reclusión de privilegio que poseen hasta ahora. Actualmente cada uno tiene su espacio privado: hay 17 presos en un celdario de 18 habitaciones.

La cárcel se compone de tres sectores: A, B y C. Y hay tres teléfonos públicos en el celdario que son atendidos personalmente por los reclusos.

Además, existe un sector de aislamiento para reclusos con problemas de conducta. Casi no se ha utilizado con estos fines, salvo en dos ocasiones con Gilberto Vázquez.

Las celdas de tres metros por tres tienen muebles propios, televisión y frigobar. Hay un servicio de TV cable que paga el Comando del Ejército. Todo eso habrá que compartirlo si la justicia decide procesar a otros responsables de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar (1973-1984).

La lista de militares que pasarán por los juzgados crece conforme van pasando las horas y las organizaciones de derechos humanos comienzan a revisar las viejas listas de cuentas pendientes, que se convertirán en nuevos juicios.

Se sabe que la caja de pandora que abrió la derogación de la Caducidad pondrá en la mira de la justicia entre 15 y 20 oficiales retirados. En esa lista están Eduardo Ferro, Pedro Matto, Victorino Vázquez y Lawrie Rodríguez, entre otros. También está el general (r) Iván Paulós, uno de los símbolos de la dictadura militar, aunque ya octogenario y con graves problemas de salud.

Y no se descarta que haya también alguno todavía en actividad y que en aquellos años era álferez o teniente segundo.

De hecho, los policías y militares ya recluidos saben que volverán a los juzgados debido a esta reapertura de archivos.

Al menos cinco de los presos en Domingo Arena, entre ellos el ex presidente Gregorio Conrado Álvarez (ver recuadro), deberán volver a los juzgados por delitos que habían quedado excluidos por la norma.

Para algunos de ellos la vida criminal no empezó por las denuncias de los activistas por los derechos humanos.

Seis de estos militares y policías que se consideran “presos políticos” ya tienen procesamientos anteriores al revisionismo histórico: tenían antecedentes penales por delitos no relacionados con violaciones a los derechos humanos.

Un ejemplo es el policía Jose Sande Lima, ex integrante del OCOA (Operación Comando Antisubversivo), que llegó a ser director del Penal de Libertad en plena democracia, en 2006, y terminó procesado por robar y vender los escombros del motín ocurrido en 2002. Con el producido de su emprendimiento ilegal se construyó una casa en La Floresta.

CONVIVENCIA DIFÍCIL

El anuncio de la inminente apertura de archivos judiciales dejó a un lado las disputas internas entre los reclusos.

El fin de la ley de Caducidad finalmente los unió después de tanto tiempo de peleas y mutuos reproches, disputas generacionales que se arrastraban desde los tiempos de esplendor y poder sin límite de la dictadura.

Lo cierto es que desde que la inauguración de la cárcel, el 23 de diciembre de 2006, no ha sido un lugar para las unanimidades.

Desde el principio Domingo Arena fue una cárcel tranquila por la condición de sus reclusos, aunque llena de tensiones internas.

Montada sobre un comodato del Ministerio de Defensa, en el ex Batallón de Infantería N° 7 la autoridad carcelaria tuvo que ponerse firme ante los reclusos que pretendían desobedecer a la Policía en su condición de militares de alto rango, en una reedición de la pelea entre “verdes” y “azules” durante los tiempos de las Fuerzas Conjuntas.

Informes especializados en derechos humanos ya habían señalado en 2008 que existía un riesgo latente de roces entre la autoridad carcelaria y la autoridad militar del cuartel. Es una cárcel que en realidad es un cuartel, y al mismo tiempo es una cárcel militar que debe ser gestionada por la Policía.

El mayor problema estaba en la zona frontal al establecimiento carcelario. Allí se encuentra una “zona gris”, en la que no está expresamente establecido quién tiene la potestad de la vigilancia.

Otro foco de conflicto, sobre todo al principio, fue el hecho de que la gente debe someterse a dos controles: al militar a la entrada y al policial cuando se ingresa al celdario.

Es que las cárceles son cárceles por más acogedoras que sean.

Su actual director es el comisario Julio Porley, un policía experimentado que inauguró Domingo Arena, se fue y volvió al puesto en diciembre de 2010 tras 11 meses de dirigir el Comcar.

Porley tiene que administrar un espacio complicado que desde el principio generó polémicas y denuncias.

El primer escándalo sobrevino por el costo de la cárcel: 400.000 dólares.

El segundo escándalo fue cuando trascendió – según la Auditoría Interna de la Nación- que el dinero iba a salir de las misiones de paz para Naciones Unidas, ese mismo dinero que llega tarde y mal a los bolsillos de los soldados. El Ministerio de Defensa tuvo que salir a aclarar que era dinero de su presupuesto, pero ya era tarde.

Uno de los primeros episodios resonantes de la nueva cárcel lo protagonizó el coronel Jorge “Pajarito” Silveira, quien inició una huelga de hambre y terminó recibiendo el sacramento de la confesión por parte del propio arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, ex integrante de la Comisión para la Paz.

Las instalaciones de Domingo Arena 4399 también fueron escenario de otro hecho de connotaciones especialmente graves, cuando la guardia policial interceptó material informático que la hija del policía Ricardo “Conejo” Medina intentaba ingresar al local.

Se descubrió así un operativo de contrainteligencia que los ex agentes estaban realizando desde la propia cárcel, operativos que los viejos halcones de la dictadura suelen llamar “acciones psicopolíticas”.

Una investigación judicial reveló que Nancy Medina llevaba un CD con información secreta de personalidades judiciales y políticas que los militares procesaban en cuatro computadoras personales. Desde las mismas sacaban información al exterior para efectuar operativos de “enchastre” a través de internet y publicaciones amigas.

LA SALUD Y LAS VISITAS

En promedio, unas 40 personas acuden a las visitas los martes, jueves (13 a 17 horas) y fines de semana (de 9 a 17).

El lugar excede las demandas de las familias de los reclusos. Hay una cancha de fútbol y un patio de recreo cercado con alambre y un salón comedor con estufa a leña. Allí cuentan con una heladera, una cocina y todos los implementos para cocinarse. Estas visitas son vigiladas con cámaras.

A cargo de la cárcel, hay 25 policías. El personal realiza turnos de 12 horas de servicio por 36 horas francas. Todos tienen formación penitenciaria.

A las 8 se abren celdas y se cierran a las 21. Los presos solamente tienen patio de 10 a 12 y de 15 a 17, menos horas que en el Comcar y en otros establecimientos penitenciarios.

La mala salud de algunos requiere cuidados intensivos a las autoridades carcelarias. Cuentan con una clínica propia, pueden tener salidas al Hospital Militar con custodia y hay además servicio de emergencia móvil y consultorio odontológico.

La salud de los internos es quizá la principal preocupación de las autoridades carcelarias. El mejor estado de salud lo presenta el ex dictador Gregorio Álvarez, quien a sus casi 86 años luce en perfectas condiciones, bastante lejos del ” síndrome del ataúd” que dijo padecer en reciente entrevista con el diario Últimas Noticias.

Otros ex camaradas de armas no corren la misma suerte. El coronel Carlos Calcagno, por ejemplo, es diabético, hipertenso y hace unos meses se le practicó un múltiple bypass, similar al que se le hizo al General Miguel Dalmao esta semana.

El coronel (av) Araujo estuvo en coma por una infección renal y ha estado otras veces internado en el Hospital Militar.

En 2007, el mayor (r) José Ricardo Arab fue internado por una severa hemorragia digestiva.

Casi no hay una semana en la que no haya una urgencia médica.

Para quienes están saludables, la cárcel dispone de un mini-gimnasio con bicicleta ergométrica y un caminador.

Los únicos que usan los implementos deportivos son el coronel (r) Gilberto Vázquez y el Inspector de Policía José Sande Lima, que intentan cuidar su silueta pese a la privación de libertad.

La edad avanzada de los presos, sus preocupaciones e indefensión, tampoco dejan demasiado lugar para el sexo y la intimidad.

Hay una sala de visitas conyugales, pero apenas tres de los 17 presos acuden a la habitación.

Ahora que cayó la Ley de Caducidad, muchos miran hacia Domingo Arena, la cárcel condenada a ser especial por su propia naturaleza.

Hoy 14 de abril se conmemora uno de los días más sangrientos de la guerra civil que libraron tupamaros y las Fuerzas Conjuntas, en que murieron 12 personas, ocho guerrilleros y cuatro uniformados. También siete heridos y seis detenidos, entre ellos el “Ñato” Eleuterio Fernández Huidobro. http://www.elpais.com.uy/Suple/QuePasa/07/04/14/quepasa_274643.asp

Hace cuatro años y cuatro meses, cinco militares y dos policías inauguraron el local en medio de sonoras protestas de las organizaciones de derechos humanos que calificaron al lugar como “Cárcel VIP”.

Concebida en 2004 para dar alojo a presos comunes, el gobierno decidió su destino en gran parte luego de que se produjera la breve y recordada fuga del coronel Gilberto Vázquez.

Escapó del Hospital Militar en 2006 cuando se le realizaba un estudio médico. La imagen de Gilberto se hizo popular cuando fue detenido unas horas después, en el Barrio Sur, sacuendiendo la cabeza con una peluca, sonriendo ante las cámaras de televisión.

El gesto resignado del ex militar al ser conducido esposado, mostró su costado más humana. En su tragicomedia, Vázquez confirmó el hecho de que aquellos feroces represores, ajenos a toda pretensión punitiva, ya no son lo que eran. A duras penas son una sombra esquiva, mal entrazada, de lo que se espera de ellos.

LOS INTERNOS, UNO POR UNO

Tte. Gral. (r) Gregorio Álvarez Armellino

Coronel (r) José Nino Gavazzo

Coronel (r) Gilberto Vázquez

Coronel Luis Maurente

Coronel (av) José Uruguay Araujo

Coronel Ernesto “Drácula” Soca

Inspector (r) José Sande Lima

Coronel (av) José Araujo Umpierrez

Coronel (r) Carlos Calcagno

Capitán de Navío Juan Carlos Larcebeau

Mayor (r) Ricardo Arab

Inspector (r) Ricardo “Conejo” Medina

Coronel (r) Jorge “Pajarito” Silveira

Fotógrafo policial Nelson Bardesio

Coronel (r) José Chialanza

Coronel Aviador (r) Enrique Rivero

Coronel (r) Juan Carlos Gómez

Otros procesados: General Miguel Dalmao y Juan Carlos Blanco están en Cárcel Central. Coronel (r) Ernesto Ramas está internado en el Hospital Militar. Juan María Bordaberry está en prisión domiciliaria.


COSA JUZGADA

Los coroneles José Nino Gavazzo, Ricardo Arab, Jorge “Pajarito” Silveira, Ernesto Ramas y Gilberto Vázquez fueron sentenciados por el juez penal de 19º Turno, Luis Charles, a una pena de 25 años de penitenciaria como autores responsables de 28 delitos de homicidio (“Caso Segundo vuelo”) muy especialmente agravados en reiteración real.

El coronel Luis Maurente y los policías Ricardo “Conejo” Medina y José Sande Lima fueron sentenciados a 20 años de penitenciaria, también como autores responsables de esos 28 homicidios, mientras que el soldado Ernesto Soca se mantiene en arresto preventivo tras la extradición a Argentina otorgada por la jueza Fanny Canessa.

También se encuentra bajo prisión administrativa (Hospital Militar) el coronel Carlos Calcagno, quien fue requerido en extradición desde Paraguay por la desaparición de Federico Tatter y tiene una causa abierta en Uruguay por el traslado ilegal de los desaparecidos Nelson Santana y Gustavo Inzaurralde en 1977.

Por su parte, el coronel (av) José Uruguay Araújo Umpiérrez, detenido en la Base de Boiso Lanza, fue liberado cuando se rechazó una solicitud de extradición a Argentina , pero regresó a la cárcel a pedido de la fiscal Guianze por su papel en la coordinación del llamado “segundo vuelo” de Orletti.

El dictador general Gregorio Alvarez, y el capitán de navío Juan Carlos Larcebeau, imputados por delitos de “desaparición forzada” (“Terceros traslados”) que un Tribunal de Apelaciones terminó por tipificar como “reiterados delitos de homicidio especialmente agravados”. Dos semanas atrás, Álvarez fue procesado por el homicidio de Roberto Luzardo, militante tupamaro fallecido en el Hospital Militar en 1973. El juez Juan Carlos Fernández Lechini tipificó el delito de homicidio con “agravantes especiales e imprescriptibles”

El Coronel Ramas, actualmente en el Hospital Militar, igual que Gavazzo, escribe en la sección “Carta de los lectores” del semanario Búsqueda y de la web que los defiende en http://www.envozalta.net.

Prisión domiciliaria logró Juan María Bordaberry luego de ser condenado por los asesinatos de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw. Fue procesado además por otros 11 homicidios,

Juan Carlos Blanco, procesado por la desaparición de la maestra Elena Quinteros y por el homicidio de Zelmar y Toba, en su condición de civil, se mantiene recluido junto a otros presos comunes en la Cárcel Central ubicada en los sótanos de la Jefatura de Policía de Montevideo en San José y Yi.

AGRUPADOS POR CAUSAS

Civiles: Juan María Bordaberry (Atentado a la Constitución, desapariciones y muertes) y Juan Carlos Blanco (Elena Quinteros) Ambos, además, por Michielini, Gutiérrez, Barredo y Whitelaw.

Causa Adalberto Soba (2º vuelo de Orletti): José N. Gavazzo, Ricardo Arab, Gilberto Vázquez, Ernesto Ramas (en Hospital Militar), Luis Maurente, Jorge Pajarito Silveira, Ricardo Conejo Medina, José Sande y Ernesto Soca.

Causa terceros traslados: Gregorio Alvarez y Juan Carlos Larcebeau (Jorge Tróccoli está fugado).

Causa Roberto Gomensoro: Juan Carlos Gómez y Gavazzo.

Causa Ubagesner Chavez Sosa: José Araújo Umpiérrez y Enrique Ribero.

Causa Insaurralde y Santana: Carlos Calcagno.

Causa Escuadrón de la Muerte: Nelson Bardesio y Pedro Fleitas.

Causa Nibia Sabalsagaray: Miguel Angel Dalmao.

LAS CAUSAS QUE SE VIENEN

La jueza Mariana Motta y la fiscal Ana María Tellechea tienen a su cargo la indagatoria de la desaparición de Horacio Gelós Bonilla. Más de 20 militares estaban en enero de 1976 en el Batallón de Ingenieros Nº 4 de Laguna del Sauce

Motta y Tellechea entienden además en la causa de 19 muertes por tortura en el Batallón de Infantería de Colonia.

El juez Sergio Torres deberá pronunciarse sobre el pedido fiscal de procesamiento del coronel Tranquilino Machado por el homicidio del estudiante Ramón Peré en 1973, el abogado defensor Miguel Langón interpuso nuevos recursos para dilatar la decisión.

La derogación de la Ley de Caducidad abrió otro frente. Los integrantes de la Suprema Corte debían dar sentencia sobre la inconstitucionalidad de la caducidad en la causa de los Fusilados de Soca y del homicidio del coronel Ramón Trabal. Ya no será necesario.

La Suprema Corte de Justicia también debía fallar sobre los pedidos de casación interpuestos por los militares implicados en la causa del segundo vuelo de Orletti y en el caso del ex presidente Gregorio Álvarez por los terceros traslados.

Se acelerarán otras causas como las de la desaparición del maestro Julio Castro.

Caso Fontana de Heber (vinos envenenados) y la denuncia por casos de tortura presentada por ex presos políticos de la base Boiso Lanza.


(*) Agradezco al periodista Roger Rodríguez por refrescarme la memoria y aportarme datos sobre los casos pendientes en la justicia.

Las paradojas del Pepe

Las estrellas ascendentes en la política uruguaya para las próximas elecciones se llaman Sendic y Bordaberry. El principal líder de la izquierda Tabaré Vázquez cada vez se parece más a la demagogia didáctica de Jorge Pacheco Areco. Oscar Magurno, un ex adherente de la dictadura militar y un símbolo de la derecha más cerril del siglo XX, es elogiado unánimente por la plana mayor del gobernante Frente Amplio.Un Saravia inmensamente parecido al Saravia original se descontrola -un gesto saravista al por mayor- y arma una gran marimorena en nombre de las mayorías silenciosas por una ley que intenta administrar daños de una guerra civil.  Mientras el país se juega la piel en el debate de los menores infractores los principales referentes de la oposición se “acusan” de  chapulines y perros falderos como si todo se tratara de un poco de ingenio para estar en la prensa. Un grupo de “peludos” de Bella Unión toman una estancia del norte del país reclamando “tierras” y “mejor distribución de la riqueza”. Un grupo de militares retirados le plantan bandera a un presidente, ex guerrillero, y lo amenazan con una rebelión si no manda parar la caída de la Ley de Caducidad.

¿Será verdad que en este país las cosas no cambian?

¿O será un deja vu?

El caso Gregori: desinteligencia y desenlace

El gobierno de José Mujica anunció la “renuncia” del coordinador de los servicios de Inteligencia al considerar su gestión como “no exitosa”. Y unas horas después informó sobre su restitución provisoria al por un plazo de 30 días. En un contexto de nuevos procesamientos por delitos de lesa humanidad y amenazas contra la democracia de supuestos grupos de ultraderecha, el Estado muestra una alarmante sensación de debilidad.

Presidencia de la República emitió un comunicado el jueves último en el que informaba que la permanencia del coordinador de los servicios de Inteligencia del estado, Augusto Gregori, quedará en manos del Parlamento, el que elevará un informe al Poder Ejecutivo luego de reunirse con el funcionario en un plazo no mayor a  30 días.

 

El plazo para que el informe del Parlamento llegue al presidente José Mujica no fue establecido en el comunicado oficial que los lectores pueden leer en http://www.presidencia.gub.uy/sci/noticias/2011/03/2011033114.htm

 

La decisión aplazó la renuncia de Gregori difundida hoy en tapa por el semanario Búsqueda, luego confirmada por el secretario de presidencia, Alberto Breccia, quien reconoció en público que la gestión de Gregori “no fue exitosa”.

 

La movida llegó unos días después que el propio Semanario Búsqueda divulgara la existencia de un autoproclamado Ejército de Liberación cuya proclama fue entregada a Mujica en circunstancias aun no aclaradas.

 

Basado en fuentes propias, el semanario señaló que podría tratarse de un movimiento de oficiales jóvenes. Con el correr de los días, ni el ministro de Defensa Luis Rosadilla, ni el ministro del Interior Eduardo Bonomi ni el presidente Mujica lograron aclarar a la opinióin pública la forma en que llegó la proclama a manos del gobierno, ni la procedencia de la misma.

 

Gregori fue nombrado coordinador de los servicios de Inteligencia en marzo de 2010, apenas asumió Mujica la presidencia. El objetivo del nombramiento era tener una línea de acción conjunta en todos los servicios del Estado.

 

El cargo es de “particular confianza” y fue creado por la ley de Presupuesto del 2005. La norma establece que su cargo  depende directamente del presidente.

 

Su misión es “coordinar  la Dirección Nacional de Información del Estado (Dinacie) -que depende del Ministerio de Defensa y se encarga de la inteligencia estratégica a nivel nacional- y la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII)-a cargo del Ministerio del Interior, servicio policial especializado que obtiene, analiza y procesa información para prevenir y reprimir hechos que atenten contra la seguridad pública”.

 

También están sujetos a la coordinación los departamentos de inteligencia de los estados mayores de las Fuerzas Armadas, la Dirección General de Asuntos Políticos de la Cancillería, la Unidad de Información y Análisis Financiero del Banco Central, la Dirección Nacional de Aduanas y “cualquier otra dependencia dentro de la estructura del Estado que realice tareas de inteligencia”.

 

Gregori nació en Salto en 1944. Fue integrante del aparato armado del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. En calidad de tal fue apresado en 1969 y estuvo encarcelado hasta 1985.

 

Se sabe poco y nada de él, pero en la cárcel se especializó en modelismo naval. Los años de encierro lo llevaron a incursionar con gran habilidad para esta disciplina que  -según la página web que aparece más abajo- le ha permitido trascender el medio uruguayo obteniendo el reconocimiento en varios países del mundo.

 

http://www.modelismonaval.com.uy/00_augustogregori_espanol/curriculum.htm