Periodistas

Con motivo del Día del Periodista, en esta semana  los colegas comenzaron a colorear sus Facebooks con  saludos comunitarios, o con reflexiones sobre lo genial o ingrato, o ambas cosas al mismo tiempo,  que puede llegar a ser este oficio.

Ser periodista ya no es lo que era. En la cobertura de los mineros chilenos atrapados vi gente de todo tipo, desde el ultraprofesional con su comida de astronauta, peinador y corte de asistentes, hasta un tipo que trasmitía TV en vivo munido con un palo de escoba con un blackberry de un lado y un grabador digital del otro.

La nueva tecnología abarata costos y permite a cualquier ciudadano el don de la ubicuidad.

Es  decir: todos podemos tener una audiencia si tenemos algo interesante para decir, o si estamos en el lugar indicado. En el terremoto de Chile, las principales agencias tuvieron los primeros insumos gracias a los celulares de los transeúntes  que estaban viviendo la tragedia en carne propia.

Adquiriendo algunas mínimas habilidades, con una computadora, una máquina de fotos o de video, cualquiera puede usar un blog o las redes sociales para contar una historia que está pasando en este mismo instante.

El periodismo ciudadano ya nos dio una buena lección respecto a que el mejor lugar para un periodista es el lugar de los hechos.

¡A mover el culo de la silla, muchachos!

Es tu audiencia la que pone nota a tu trabajo, sin intermediarios.

En la sociedad de la información todos somos sujetos activos de las noticias. La tecnología es más o menos la misma, la del satélite y la del palo de escoba permiten hacer TV en vivo y en directo.

Partiendo de la base que la honestidad está asegurada, lo  único que va a diferenciar a los “buenos” de los “malos”  comunicadores  es algo que ni  la tecnología ni todo el dinero del mundo podrá comprar:  la mirada curiosa y empática sobre los hechos.

Todo cambia y sin embargo nada ha cambiado mucho en el periodismo. En todo caso la tecnología van generando nuevos perfiles de trabajo, que antes eran llevados a cabo a ciegas, a puro oficio.

Por ejemplo, hace 20 años era impensable el oficio metaperiodístico de comunity manager, o sea un tipo que estudia en forma on line y en forma multidimensional los ida y vuelta con la audiencia para definir los contenidos

Hoy el principal periodista del mundo es el editor de  Wikileaks, un hombre que abomina que lo llamen periodista. Sus procesos de trabajo interpelan el trabajo periodístico tradicional, pero en rigor es un periodista que puso patas arriba al Pentágono.

Recomiendo que lean una entrevista que salió hoy en El País de Madrid.

http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Cita/secreta/hombre/hace/temblar/Pentagono/elpepusocdmg/20101024elpdmgrep_1/Tes

Por lo visto, será difícil concentrar la palabra periodista en un solo día, porque hay tantos periodistas como personas interesadas en divulgar información.

Lo que nunca cambiará, supongo, es el aire sarcástico que nos habita, tan característico de nuestra profesión.

Seguiremos siendo una turba de despechados, mercenarios de nuestras propias contradicciones, empleados al servicio de gente a la que no le importamos demasiado pero que nos permite el mal negocio de estar allí  donde siempre quisimos estar.

A propósito del Día del Periodista, así con mayúsculas,  le escribí a uno de mis más desconsolados colegas : “el periodismo se parece bastante al amor:  podemos terminar en la basura, paga poco,  tarde y mal, es ingrato, dudamos  todo el tiempo sobre la verdad, pero cuando uno lo conoce no se conforma con menos”

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