El otro lado de las cárceles uruguayas

Unos 4.000 presos estudian o trabajan dentro de las cárceles. La cantidad de reclusos en programas educativos se quintuplicó desde la aprobación de la «Ley de Humanización». También se duplicó el número de personas que trabajan dentro de las cárceles. Más de 1.000 reciben un ingreso equivalente a medio salario mínimo.
Los números sorprenden en medio del mayor hacinamiento carcelario de la historia y de cara a la nueva etapa de liberación de reclusos, cierre de establecimientos, apertura de nuevos y traslados masivos, que empezará a fines de octubre.
Sin embargo, no hay estudios que crucen la actividad curricular de los reclusos con las tasas de reincidencia, uno de los principales argumentos del proceso de revitalización de los derechos humanos en el régimen penitenciario.

POR ANTONIO ÁLVAREZ, ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR

Dentro de las 27 cárceles que funcionan en Uruguay, el 45% de los reclusos estudia o trabaja bajo al mecanismo de redención de pena, dijo a El Observador el director de Servicios Penitenciarios, Inspector Mayor Carlos De León.
El régimen establecido en la Ley de Humanización y Modernización del Sistema Carcelario N° 17.897 aumentó significativamente la cantidad de personas privadas de libertad que realizan actividades educativas o laborales.
El «dos por uno» (dos años de condena por uno de trabajo o estudio) ha permitido expandir el interés de los reclusos y mantener una relativa paz social en el peor momento del sistema penitenciario uruguayo, en el que las proyecciones señalan que cada año 1,000 nuevos individuos terminan privados de su libertad.
La El número de presos que estudia se quintuplicó en seis años. En 2004, había 400 reclusos en programas de enseñanza. A fines de 2009, el número de estudiantes superó los 2.000, según datos de la Dirección Nacional de Cárceles.
Por otra parte, el trabajo penitenciario se duplicó en el último quinquenio.
Unos 998 reclusos trabajan en los establecimientos bajo la conducción de la Dirección Nacional de Cárceles.
Se estima que otros 1.370 presos cumplen tareas laborales en las cárceles departamentales y en los establecimientos que dependen del Ministerio del Interior.
Carpinterías, bloqueras, talleres mecánicos, panaderías, fábrica de embarcaciones en fibra de vidrio, son algunos de los emprendimientos más habituales que hoy funcionan dentro del sistema penitenciario.
Hay otros emprendimientos en estudio en materia de cunicultura y se espera que en los próximos meses sea inauguarada una fábrica de botellas de plástico bajo la modalidad de inyección.
No siempre es así, pero el inspector De León explicó que la intención es que el trabajo y el estudio no sean asumidos por los reclusos en función exclusiva de una redención de pena.
“Obviamente recibir una remuneración por trabajo realizado es un incentivo primario para el recluso. También puede verse como un mecanismo para mantener el orden interno en los establecimientos penitenciarios. Pero el eje del planteo es distinto”, aseguró el jerarca.
En los manuales para operadores se sostiene que “la redención de pena debe ser una consecuencia natural de estudiar y trabajar y no al revés”, agregó.
A pesar de la larga decadencia del sistema de reclusión, siempre hubo programas de trabajo y educación en las cárceles uruguayas.
Según De León, la Ley redactada en 2005 y aprobada en julio de 2006 generó un efecto expansivo al establecer beneficios que operan como una medida de descongestionamiento del sistema carcelario.
La experiencia permitió redactar un “Manual de Redención de Pena” que fue aprobado en noviembre de 2009 como forma de atar la norma con la realidad.
De León aseguró que el índice de trabajo y estudio se mantiene pese a que la superpoblación carcelaria ha derivado en el cierre de locaciones que antes estaban destinadas a proyectos productivos.
Esas clausuras fueron en detrimento de la urgente necesidad de lugares de alojamiento para internos. Todas las semanas se van 30 reclusos de las cárceles a consecuencia de libertades concedidas por vía judicial, pero por la otra puerta ingresan nuevos 100 reclusos al régimen de privación de libertad.

MEDIO SALARIO MÍNIMO. La gran mayoría de los reclusos dejan a sus familias en problemas financieros. Pero con buena conducta y un poco de suerte puede aspirar a encontrar un trabajo dentro de la cárcel. En el mejor de los casos puede llegar a recibir un sueldo, lo que en el lenguaje se denomina peculio. Como casi todo lo que gira en el mundo de las cárceles, el presupuesto para este rubro es muy escaso y hace muchos años que no recibe modificaciones.
Actualmente 780 presos que reciben su peculio, un equivalente a 2.000 pesos o medio salario mínimo nacional. La mayoría de los internos trabajan en servicios relacionados con el propio sistema, fundamentalmente en tareas de limpieza, cocina. También cumplen funciones en la parte logística, carga y descarga, en panadería y cultivo de hortalizas para la provisión de la cárcel.
En 2009 se elevó al gobierno un pedido de las autoridades carcelarias para que se incluyera un aumento de presupuesto con miras a extender el plan hacia las cárceles del interior. En las cárceles departamentales los internos que están en programas productivos no reciben dinero del Estado, aunque pueden montar empresas cotizando en el Banco de Previsión Social.
El porcentaje de reclusos que estudian o trabajan es más o menos similar en todo el país. Las tendencias se mantienen pese a que el régimen de progresividad del sistema penitenciario trae a los reclusos de peor conducta a los penales de la zona sur, o sea aquellos que están bajo control de la Dirección de Cárceles. (Ver recuadro)
A fines de 2009, había 3.532 presos en los establecimientos del interior y 4.450 en los establecimientos de la Dirección Nacional de Cárceles.
Esto implica que las posibilidades de trabajar y estudiar a priori son escasas. No abundan las ofertas del sector privado y el dinero del Estado ni siquiera puede cubrir las necesidades básicas para respetar en su totalidad los Derechos Humanos.
Pese a todo, el nuevo comando de policías carcelarios –en su mayoría ingresado al instituto a fines de los años 70- se las ingenia para tener ocupados a los reclusos.
Yendo en ese sentido, el Ministerio del Interior reglamentó un sistema anual en el cual hay dos llamados para estudio y tres para trabajo.
Los proyectos productivos o educativos pueden salir del propio Estado (muchos son del MIDES), por privados (ONGs y empresas privadas) e inclusive de los propios reclusos.
La Junta de Tratamiento tiene 30 días para expedirse sobre los proyectos presentados.
El organismo está integrado por el director del centro, Criminología y Patronato.
En el actual escenario de cambios en el sistema penitenciario – masivos traslados, la creación de nuevas plazas, el cierre de viejos establecimientos y la liberación de centenares de reclusos- los programas educativos y laborales cobran vitalidad y nuevo protagonismo.
A pesar de los múltiples diagnósticos y de la creciente presencia de programas, no se ha medido si trabajar o estudiar adentro de las cárceles es la receta para no volver al sistema.
¿Trabajar y estudiar adentro de la cárcel reducirá los niveles de reincidencia?
La Dirección de Cárceles no tiene elementos para cruzar datos entre reincidencia y la variable trabajo y estudio.
No obstante, el inspector De León cree que medir la eficiencia de los programas educativos y laborales respecto a la reincidencia delictiva es un trabajo complicado y que va en contra de la filosofía del sistema de redención de pena.
“Los policías carcelarios tratamos a todos los presos por igual. No nos debe importar lo que hicieron para terminar en la cárcel. Nos importa la conducta del tiempo presente. El sistema está pensado para pensar en la rehabilitación, aunque sea difícil en las circunstancias actuales”, señala.
De León prefiere dejar un signo de interrogación para el individuo que sale en libertad después de rendir cuentas con la ley.
La vida afuera del mundo carcelario es una carambola a muchas bandas y un verdadero misterio en el que se mezclan la historia de la persona, los nuevos valores adquiridos, la suerte y hasta las oportunidades que aparezcan en el camino de cada liberado.
El director penitenciario no cree que la vida de un recluso pueda concebirse como una ciencia exacta.
“Esto tiene que ver con las garantías que deben recibir los reclusos por parte del Estado. Cada preso es una persona distinta y nunca se sabe qué hará cuando salga en libertad. Nosotros aspiramos a que estos programas configuren una tendencia a la baja de la reincidencia del delito en el largo plazo. El otro diagnóstico necesita más tiempo y es más difícil”, concluye.
En todo caso, una posible respuesta a la polémica es lo que sucede en el Centro Nacional de Rehabilitación (CNR), un establecimiento modelo destinado a presos primarios, el cual es considerado la puerta de salida del sistema de progresividad carcelaria.
Se trata de uno de los lugares con más emprendimientos productivos y en donde los planes educativos –escolares, liceales y oficios- tienen una relevancia excluyente.
Allí la tasa de reincidencia es del 12%., 50 puntos porcentuales por debajo de la media en el resto de la población reclusa del país.

LAS CLAVES DEL 2X1

Estudiando:
40 minutos de clase representan 1 hora de estudios
Por cada 2 jornadas de 6 horas de estudio se redime 1 día de pena
Por presentarse a cada examen se redimen 2 días de pena
Por aprobar cada examen se redimen otros 2 días de pena
Sólo podrán rendir 3 veces la misma asignatura.
Las instancias posteriores ya no redimen pena.

Trabajando:

Por cada 2 jornadas de trabajo de 8 horas se redime 1 día de pena
No pueden computarse más de 48 horas semanales para la redención.

El SUELDO DE LOS PRESOS CON BUEN PUNTAJE
El peculio es una remuneración provista por el Estado para los reclusos que trabajan. Hoy son unos 2.000 pesos. El 40% es indisponible para el recluso, es decir se deposita en una cuenta. El 60% restante va la mitad para la familia y la otra mitad queda a disponibilidad del recluso en la cuenta bancaria.
El reglamento establece que el preso no puede manejar plata dentro de la cárcel.
El dinero podrá ser retirado cuando recluso obtenga la libertad o cuando presente algún justificativo especial ante la autoridad carcelaria.
Para poder entrar en estos programas hay un sistema de puntajes utiliza por la Junta de Tratamiento.
Se califica del 1 al 3 la edad, la capacitación, la idoneidad técnica, las sanciones disciplinarias recibidas por aspirante, entre otros aspectos. Por ejemplo, cuando se es primario el recluso recibe 3 puntos y el individuo con antecedentes de reincidencia recibe uno.


TRES ORGANISMOS PARA DIRIGIR A LOS MISMOS PRESOS

Como fruto de décadas de descalabro administrativo, el sistema penitenciario no está unificado. Si bien los reclusos son los mismos y la Policía es una sola, varios organismos ejercen la dirección de los 28 centros de reclusión del país.
Ese esquema está siendo analizado por el gobierno en la búsqueda de una acción más coordinada de políticas carcelarias.
Durante décadas se ha discutido sobre la necesidad de establecer una separación entre los roles de la Policía y de la Guardia Penitenciaria en función de que tienen objetivos distintos. Para los primeros, la represión. Para los segundos, la rehabilitación.
La idea de crear una Guardia Penitenciaria separada del Ministerio el Interior sería un primer paso para formar policías para la función específica.
Sin embargo, el gobierno ha planteado escenarios en los cuales el Ministerio del Interior siga a cargo del sistema penitenciario.
Una las propuestas manejadas es que todos los establecimientos pasen a la órbita de la Dirección Nacional de Cárceles en un esquema de regionalización de centros de reclusión y el consiguiente cierre de algunos locales en mal estado. La medida se encuentra en debate entre el Ministerio del Interior y las autoridades policiales.
Unificar ayudaría a unificar criterios en aspectos claves como la clasificación de reclusos por conducta y peligrosidad. Pero para poder lograr la unión administrativa habría que establecer cambios en el sistema presupuestal carcelario.
La Dirección de Cárceles controla hoy Comcar, Libertad, Juan Soler (San José), Penal de Libertad, el Centro de Rehabilitación 2 (establecimiento vecino a Libertad), La Tablada, Cabildo, Casa de Medio Camino y la nueva cárcel de Paso Molino. Estas últimas tres son cárceles femeninas.
En tanto, el Centro Nacional de Rehabilitación CNR, Cárcel Central y la Cárcel Militar dependen directamente del Ministerio del Interior.
El resto de los centros del interior hoy están bajo el mando de las Jefaturas departamentales de Policía.

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